Durante la misa patronal celebrada en la plaza, tras la procesión en honor a San Roque, el padre “Pepi” transmitió el saludo del obispo diocesano, Mons. Ángel José Macín, quien había confirmado su presencia pero no pudo asistir por motivos de salud. En su homilía agradeció a toda la comunidad y recordó que San Roque es signo de esperanza, fe y caridad.
En un clima festivo y de profunda devoción, la comunidad de Margarita celebró el 16 de agosto a su Santo Patrono San Roque. La misa en la plaza, presidida por el padre Pepi, estuvo marcada por el agradecimiento a quienes acompañaron la procesión: jinetes, niños de Catequesis, jóvenes de Confirmación y la presencia simbólica de “San Roquito”, la marioneta que desde este año se incorpora a las celebraciones.
Durante la homilía, el sacerdote subrayó que San Roque es “peregrino de esperanza”, signo que invita a recordar que todo cristiano camina con la mirada y el corazón puestos en Dios. Los símbolos del bastón, la capa y la herida en su pierna reflejan la fe, la fortaleza en la adversidad y la solidaridad con los que sufren, especialmente en tiempos de enfermedad.
El padre Pepi también recordó el gesto del perro que asistió a San Roque llevándole pan, resaltando que este alimento bendecido representa la caridad. “No solo alimentamos nuestra vida con fe y esperanza, sino sobre todo con el amor”, afirmó, destacando que la virtud de la caridad es la que verdaderamente salva.
Finalmente, exhortó a la comunidad a invocar siempre la protección de Dios a través de San Roque, recordando que Margarita ha sabido confiar en su manto en momentos de dificultad. “Que cada vez que lo miremos y lo toquemos podamos renovar nuestra vida humana y cristiana”, pidió el sacerdote, concluyendo con un fervoroso “¡Viva San Roque! ¡Viva la Virgen Morena!”.


